Espacio Elefante (2015-2019)

Capítulo 2 - Trastienda: Espacio Elefante (2015-2019)

Mientras tanto en la Facultad, había que reconstruir la Sala Elefante. Tuvimos unas cuantas reuniones con el Decanato en las que apareció hasta Ariel Grez, veterano Elefante y entonces Senador Universitario, a darnos una mano. Mi indignación por la infraestructura dantesca de la universidad (ese mismo año me había "caído" en el ascensor) se fue mezclando en aquellas reuniones con una extrañeza generalizada. Estábamos sentados en la oficina de la Decana y parecíamos tener tanta injerencia en la Sala Elefante como los dos profesores que hacían clases en ella hacía mil años. ¿Cómo era esto posible?

 

Para cuando la sala estuvo implementada con un nuevo techo (abril 2016) había decidido saciar mi curiosidad por la historia del proyecto y fui a entrevistar a Simón Orozco y a Makarena Marambio, miembros antiguos del equipo. En base a esas entrevistas escribí un pequeño trabajo de investigación para la asignatura del profesor Rodrigo Torres, haciendo un recuento desde 2010 hasta 2014. Las entrevistas y ese trabajo se pueden leer aquíaquí. 

Efectivamente, todo esto era posible porque un montón de estudiantes habían trabajo como locos por 4 años y habían hecho las cosas muy bien.

Empezando 2016, mientras esperábamos que las reparaciones de la Sala Elefante estuvieran listas, abrimos la convocatoria para una nueva temporada al misterioso mecanismo de las redes sociales que permite que nuestro pequeño formulario de Google se fuera llenando de propuestas de todo tipo. Mientras tanto, Darío Llancamán realizaba el primero de sus talleres para mechones de Sonido y otros interesados. A partir de este taller el equipo recibió una nueva generación de jóvenes estudiantes de Sonido.

Además, nos esperaban extensas reuniones de programación. Las propuestas para la temporada llegaban y llegaban y demandaban noches enteras de revisión. Lía y Maka habían dejado el equipo a estas alturas y teníamos que aprender a programar una temporada.

En algún momento descubrimos o entendimos que existían tres calendarios distintos (literalmente, tres cuentas Google Calendar) con las fechas de los distintos tipos de conciertos de la Sala Isidora Zegers. La productora del Departamento (hasta 2015 había sido la misma Lía), sólo trabajaba en los conciertos de temporada. Los conciertos de cátedra quedaban a cargo del profesor que correspondiese.

Para complejizar el asunto, esta programación por partida triple no ocurría de un tirón, en un momento del año. De hecho, nosotros Elefantes en varias ocasiones teníamos más claridad de lo que venía en nuestro espacio para el mes actual y hasta el semestre, que ellos. Pero resultaba que en el documento que aseguraba nuestra existencia (un protocolo oficial) se estipulaba que nuestra programación se supeditaba a la de la Sala Isidora Zegers. ¿Por qué?

Porque el ruido sube. Más aún ahora que el cielo falso pesado y antiguo estaba siendo reemplazado por un cielo americano delgado y liviano. Para buena parte de los catedráticos y compositores que mostraban sus piezas en la Sala Isidora Zegers, eso es lo que era Espacio Elefante: un ruido insoportable, un ruido de bajos y platillos y cosas peores subiéndoles por los pies. Me encanta esa idea. Aunque claro, arruinar un concierto de título es horrible. Intentábamos evitar los topes a toda costa, pero ocurrían cada cierto tiempo, sobre todo cuando uno de los tres calendarios del Departamento de Música se actualizaba sin previo aviso. En esas ocasiones alguien bajaba corriendo a gritarnos que cortáramos todo.

(Anécdota 1) Mención honrosa para la única académica que se sentó conmigo a resolver uno de estos topes como un problema de programación entre dos espacios culturales: Paulina Mellado. Una de las raras ocasiones en que la Sala Isidora Zegers estaba en manos de una profesora de Danza. Podría ocurrir más seguido.

A pesar de todas estas aventuras administrativas, la temporada 2016 fue la más activa de la historia de Espacio Elefante hasta el momento: