Espacio Elefante (2015-2019)

Capítulo 5 - Trastienda: Espacio Elefante (2015-2019)

En 2018 hice poca producción. Había funcionado bien la modalidad de distribuir los proyectos entre los miembros del equipo, y continuamos así, con múltiples y muy hábiles productores, mientras yo me concentraba más en hacer algunas vinculaciones dentro y fuera de la U, y revisar los asuntos del Premio Azul que nos habíamos ganado con nuestro Ciclo Elefante de bandas emergentes. Usamos la plata para renovar nuestros equipos, y reitemizamos tantas veces el presupuesto que en algún momento sentí que mi cabeza se había perdido en el universo de ChileCompra, o estaba atascada entre Contraloría y Dirección Económica esperando número de decreto. Cuando esa rendición final cuadró fui profundamente feliz.

 

Gabriel Fuentes revisando que lo que había llegado fuera efectivamente lo que habíamos puesto en la Orden de Compra de Premio Azul, en el cosmos de los archivadores de la Facultad de Artes.

 

El Ciclo Elefante, en esta tercera versión, se convirtió en el proyecto más demandante de la temporada: 8 fechas y más de 300 bandas postulantes. Un grupo al interior del equipo Elefante se hizo cargo de la producción de todas las fechas, y la revisión de todo ese material que había llegado por la convocatoria. Además teníamos la convocatoria abierta común y corriente, con más tocatas, lanzamientos de libros, sesiones de improvisación y obras de teatro.

 

Además, nuestra amiga Arheli García-Huidobro nos contactó desde Extensión FECh para construir un ciclo de capacitaciones especialmente diseñadas para estudiantes de la Facultad de Artes. Arheli había notado, como nosotros, que las diversas competencias asociadas a la gestión cultural estaban mayoritariamente ausentes de nuestras mallas curriculares; y como solución consiguió que La Makinita viniera a la Casa FECh a hacernos un ciclo de clases (se inscribieron 30 proyectos musicales) en el marco de su Encuentro IMESUR.

 

Anécdota 4: A mitad de año, con la temporada andando, nos llamaron por la llegada inminente de Alejandro y María Laura desde Lima. La única fecha posible para tenerlos era un día domingo y estábamos encima. Pablo, Dánisa y Nico se habían convertido ya en un núcleo de producción todoterreno con el Ciclo Elefante y se apuntaron de inmediato. Mi misión sería conseguir el permiso.
Ocurría lo siguiente: a pesar de que Simón, Ariel y otros veteranos elefantes hubieran conseguido que el Departamento de Música nos cediera la administración de la Sala Elefante, esto solo valía en ciertos horarios. Para hacer cualquier cosa después de las 22.00 o en días sábados y domingos, había que pedir permiso. La cartita que mandábamos pasaba por el cuarto piso, donde el Departamento de Música supuestamente revisaba que en la Sala Isiora Zegers no hubiera un concierto que topara con el nuestro. Firmada por el Director, la carta viajaba al tercer piso donde el Vicedecano firmaba también, dando la orden al administrador de personal de la Facultad de convocar a horas extras al funcionario que se quedaría apoyando en la puerta durante el evento. El Vicedecano era profesor de artes visuales y por tanto pasaba buena parte de la semana en el Campus Juan Gómez Millas y no era siempre fácil ubicarlo. En 2018 decidieron agregar una tercera fase para la aprobación de un permiso: la Dirección de Asuntos Estudiantiles tenía que revisar la propuesta para asegurarse de que Alejandro y María Laura, en este caso, no fueran individuos peligrosos para la convivencia universitaria, que no promovieran el consumo de drogas y alcohol, o alentaran desmanes nuestra pobre infraestructura. La Directora de ésta unidad no tenía oficina, así que a veces estaba en el piso ocho compartiendo escritorio con los musicólogos, a veces estaba en la sala de Psicología y a veces estaba haciendo clases en el piso -3 sin señal de celular.
Así que dijimos que sí a la propuesta y nos encomendamos a las fuerzas misteriosas de la administración universitaria mientras yo corría por los pasillos e la Facultad supervisando que la carta no se perdiera en ninguna oficina.
Perdón por la historia latera. Pero si usted ha estado en la Sala Elefante después de las 22:00 horas, o en días de fin de semana, sepa que algún elefante tuvo que hacer todo esto para que fuera posible.

 

Así fue transcurriendo mi último año en Espacio Elefante, con una o dos actividades por semana, una reunión semanal si conseguíamos coordinar los horarios, sesiones de revisión de proyectos con once, y un último paseo por las carreteras de Colina en que dejamos listos los formularios para 2019 y me despedí del equipo.

 

Acá les dejo las últimas fotos que tomé (+ texto en las descripciones)